En todo proyecto arquitectónico, en algún punto, se plantea la inquietud de nombrar el estilo del proyecto.
La primera pregunta, es por qué debe tener nombre…. La respuesta puede darse desde un ámbito académico, para catalogarlo históricamente como tal, y poder identificarlo como una corriente que responde a ciertas circunstancias culturales o modas.
Desde otro punto de vista, está el tema de poder presentar el proyecto en sociedad, o venderlo con una identidad definida.

Ahora bien, los nombres se inventan, o salen orgánicamente como respuesta sociológica, y definen una forma de enfrentar el mundo e identificarse con algo para sentirse parte.
En ocasiones, se recurre a recrear estilos arquitectónicos anteriores, como “colonial”, o “moderno”, que pertenecen a respuestas a demandas históricas específicas, como fue la conquista de nuevos territorios con arquitectura española tradicional, o desarrollos post guerra, con nuevas visiones de mundo, principios de diseño concertados. y uso de nuevas tecnologías de construcción.
Para lo que respecta a los estilos actuales, se habla de Minimalista, y Paramétrico como ejemplos, y también se han hibridado estilos antiguos con sus nuevas versiones, como Vernáculo Moderno, o Brutalismo Moderno, que se identifican con grandes firmas de diseño o con tendencias espontáneas, nombrando a nuevas versiones de estilos existentes con modificaciones locales.

En definitiva, es una buena manera de comenzar un proyecto?, probablemente no, ya que antes de definir el estilo, debería tomarse en cuenta el tema de su sostenibilidad. En ese sentido, los criterios más acertados, son los que toman en cuenta algunos principios de estilos vermiculares, ya que normalmente son los que responden a las demandas sociales, materiales y climáticas de su entorno.
Según estos conceptos, no son buen punto de partida estilos caprichosos, descontextualizados, pensados solo en la fotografía, o la inserción social, ya que no necesariamente permiten incorporar conceptos y estrategias de reducción de su huella ecológica, ni en su construcción, ni en su vida útil, y que transforman de manera permanente y desacertada el paisaje construido.
Actualmente, se define como un estilo propio lo “sostenible o verde”, lo cual no debiera ser una de muchas opciones, sino, una manera de diseñar, construir y habitar, que puede tener una tendencia formal diferente a otra. Lo que sí demanda la sostenibilidad en su oficio, es una cierta funcionalidad en su composición, que responda al lugar, topografía, clima, contexto urbano, o natural, los materiales y mano de obra local.






